A menudo escuchamos que somos libres, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre la magnitud y el peso de esa afirmación. Jean-Paul Sartre, el célebre filósofo existencialista, acuñó una frase que resuena con fuerza en el corazón del Counseling: "Estamos condenados a ser libres". Esta aparente paradoja encierra una gran verdad: la libertad no es un regalo idílico, sino una condición ineludible que nos exige elegir a cada instante.
En el Counseling, entendemos que el sufrimiento humano muchas veces no proviene de las circunstancias externas en sí mismas, sino de la sensación de impotencia ante ellas; de la creencia de que no tenemos opción. Sin embargo, incluso en las situaciones más extremas, siempre conservamos la última de las libertades humanas: la capacidad de elegir nuestra actitud ante lo que nos sucede.
La Ilusión de la No-Elección
Es muy común escuchar en la consulta frases como: "No tengo otra opción", "Tengo que hacer esto", "Él/Ella me hace sentir así". Estas expresiones revelan lo que en psicología se conoce como un locus de control externo: la creencia de que nuestra vida está dirigida por fuerzas ajenas a nosotros (el destino, la suerte, los demás).
El Counseling nos invita a desmontar esta ilusión de la no-elección. Cuando decimos "no puedo elegir", en realidad estamos eligiendo no elegir, o estamos eligiendo ceder nuestro poder a otros para evitar la angustia que conlleva la responsabilidad. Incluso el sometimiento es una elección, aunque sea una elección nacida del miedo o de la supervivencia.
Elegir y Renunciar: Las Dos Caras de la Moneda Existencial
¿Por qué nos cuesta tanto elegir? ¿Por qué postergamos decisiones triviales y trascendentales por igual? La respuesta radica en que toda elección implica, necesariamente, una renuncia inevitable. Al decir "sí" a un camino, a una pareja, a una carrera o a un estilo de vida, estamos diciendo "no" a todos los demás senderos posibles que se abrían ante nosotros. Y esa renuncia genera un duelo legítimo.
Nos duele lo que dejamos atrás, las infinitas posibilidades que nunca serán exploradas. El ser humano anhela la totalidad, pero la existencia nos impone la finitud. No podemos serlo todo ni tenerlo todo.
El miedo a equivocarnos, a sufrir por la opción perdida o a ser duramente juzgados por nuestra decisión nos paraliza en una inacción neurótica. Preferimos a menudo que otros elijan por nosotros (la sociedad, la familia, la pareja, las circunstancias) para así poder culparlos cómodamente si las cosas salen mal. Sin embargo, ceder el poder de elegir es ceder el derecho inalienable de vivir nuestra propia vida. Es preferible equivocarse por elección propia que acertar por mandato ajeno.
El Miedo a la Libertad y la "Mala Fe"
Sartre también hablaba de la "mala fe" para referirse al autoengaño de creer que no somos libres. Es una forma de cobardía existencial donde nos tratamos a nosotros mismos como objetos determinados por las circunstancias y no como sujetos capaces de autodeterminación. Decir "soy así y no puedo cambiar" es un ejemplo clásico de mala fe.
El Counseling combate frontalmente esta mala fe, no con juicios morales, sino con una confrontación empática que le devuelve al consultante el espejo de su propia responsabilidad. Al darnos cuenta de que somos los arquitectos de nuestra propia cárcel, también descubrimos que poseemos la llave para salir de ella.
Responsabilidad Incondicional
En el enfoque centrado en la persona, la libertad va indisolublemente ligada a la responsabilidad. No somos responsables de lo que nos pasa (un accidente, una enfermedad, una crisis económica), pero sí somos absolutamente responsables de lo que hacemos con lo que nos pasa.
El Counseling como Espacio de Empoderamiento y Co-Visión
El objetivo del Counseling no es, bajo ninguna circunstancia, decirle al consultante qué debe elegir o qué camino es el "correcto". Eso sería perpetuar su dependencia, alimentar su neurosis y robarle su autonomía más sagrada. El rol del Counselor no es el de un juez ni el de un gurú iluminado, sino el de un facilitador de procesos.
El Counselor acompaña al consultante a explorar el abanico completo y muchas veces oculto de sus opciones. Ayuda a sintonizar con sus verdaderos deseos y necesidades organísmicas (más allá de los "deberías" introyectados por la familia o la cultura) y a asumir, con madurez, el costo y la responsabilidad de la opción que finalmente elija de manera libre.
A través de la escucha empática y la aceptación incondicional, el consultante va descubriendo gradualmente que tiene más poder y más opciones de las que creía. Va pasando de un lenguaje de obligación ("tengo que") a un lenguaje de apropiación y poder ("elijo"). Este sutil pero profundo cambio lingüístico y actitudinal refleja una transformación interna radical.
El Costo Invisible de No Elegir
Es fundamental comprender que no elegir también es una elección, y suele ser la más costosa de todas. Cuando dejamos que el tiempo, las circunstancias o los demás decidan por nosotros, estamos eligiendo la pasividad. El costo de esta postura es un sentimiento crónico de frustración, amargura y la dolorosa sensación de estar viviendo una vida prestada, no propia.
El Counseling nos ayuda a despertar de ese letargo, a asumir el timón de nuestra propia existencia con todas sus consecuencias. La libertad puede dar vértigo, pero es el único suelo firme sobre el que se puede construir una vida con sentido y autorrealización.
En conclusión, recuperar el poder de elegir es recuperar la autoría de nuestra propia existencia. Puede dar vértigo, sí, pero es el único camino hacia una vida auténtica, plena, responsable y verdaderamente autodirigida que realmente valga la pena ser vivida por nosotros mismos y para nosotros mismos en este mundo.
Lecturas Recomendadas
Decidir en Sintonía con tu Alma
El Counseling como brújula para clarificar tus valores y elegir desde tu centro.
Frenar antes de Quemarse
Cómo el autoconocimiento y el respeto por tus propios límites te salvan del burnout.
El Arte del Autocuidado
Prácticas diarias de escucha interna y compasión para mantener tu equilibrio.