Tomar decisiones es una de las tareas más cotidianas y, a la vez, más complejas de la existencia humana. Desde qué ropa ponernos por la mañana hasta si debemos cambiar de carrera, terminar una relación o mudarnos de país, la vida nos exige constantemente elegir. Sin embargo, muchas de nuestras decisiones no nacen de nuestro centro más auténtico, sino de la periferia: del miedo, de la culpa o de la necesidad de cumplir con las expectativas ajenas.

En el Counseling, entendemos que una decisión verdaderamente sana y liberadora es aquella que se toma en sintonía con lo que poéticamente podríamos llamar "el alma", y que Carl Rogers denominaba la "sabiduría organísmica". Es una decisión que no solo pasa por el filtro de la razón lógica, sino que resuena en todo nuestro ser.

"Cuando tus elecciones están en sintonía con tu verdad interna, el camino puede ser difícil, pero nunca te sentirás perdido."

El Ruido de las Voces Externas

¿Por qué nos cuesta tanto escuchar esa voz interna? Porque estamos inmersos en un mar de ruido. Desde pequeños, somos bombardeados por voces externas que nos dicen cómo debemos ser, qué debemos desear y qué camino debemos seguir para tener éxito y ser aceptados. Estas voces (de los padres, los maestros, la cultura, los medios) se introyectan, es decir, se instalan en nuestra mente y las confundimos con nuestra propia voz.

Cuando nos enfrentamos a una decisión importante, estas voces suelen generar un coro cacofónico de "deberías". "Deberías elegir la carrera que da más dinero", "Deberías aguantar en esa relación por los niños", "Deberías ser más ambicioso". El resultado es la confusión, la parálisis y, en última instancia, decisiones que nos alejan de nosotros mismos.

Sintonizando con la Sabiduría Organísmica y Corporal

Para decidir en sintonía con el alma, es necesario bajar drásticamente el volumen del coro ensordecedor de los "deberías" y aprender a escuchar las señales sutiles, pero constantes, de nuestro propio organismo. Carl Rogers descubrió que, cuando estamos libres de defensas y bloqueos neuróticos, nuestro organismo posee una brújula infalible para saber qué es lo que nos promueve y qué es lo que nos estanca en el camino de la vida.

Esta sabiduría organísmica no se expresa necesariamente a través de razonamientos lógicos impecables o silogismos matemáticos, sino a menudo a través de sensaciones corporales difusas pero potentes que Eugene Gendlin llamó "felt sense" o sensación sentida: una opresión física en el pecho o el estómago ante una opción aparentemente perfecta en los papeles; una súbita sensación de expansión, ligereza y respiración profunda ante otra opción arriesgada; una paz de fondo que persiste tercamente a pesar del miedo lógico que nos invade. El cuerpo, en su infinita sabiduría biológica, casi siempre sabe aquello que la mente racional aún no puede ni quiere articular.

Aprender a confiar en esta brújula requiere práctica y paciencia. Significa dejar de lado por un momento el análisis de pros y contras y preguntarnos honestamente: "¿Cómo se siente esta decisión en mi cuerpo?", "¿Me expande o me contrae?". La respuesta organísmica no suele equivocarse.

La Angustia de la Decisión y el Vacío Fértil

Tomar decisiones auténticas duele y asusta. Implica salir de la masa informe de lo que "todos hacen" para asumir la responsabilidad de nuestro propio destino único. Esa soledad ante la elección genera lo que los existencialistas llamaban angustia existencial. Es el vértigo de la libertad.

En el Counseling, no intentamos medicar ni anestesiar esa angustia de manera rápida. La entendemos como una señal de salud, un indicador de que el consultante se está tomando su vida en serio. Acompañamos a sostener ese "vacío fértil" de la duda reflexiva antes de dar el salto hacia la decisión comprometida.

El Criterio Organísmico de Valoración

Rogers sostenía que la persona que funciona integralmente confía en su propio organismo como un todo para llegar a la decisión más satisfactoria en cada circunstancia, utilizando toda la información disponible pero sopesándola a través de su propia experiencia sentida.

El Counseling como Facilitador de Decisiones Auténticas

El Counseling ofrece el silencio respetuoso, la pausa necesaria y la contención afectiva indispensables para que el consultante pueda finalmente escuchar su propia voz en medio del ruido ensordecedor del mundo moderno. El Counselor no aporta respuestas hechas, ni consejos directivos, ni soluciones mágicas. Su función es crear las condiciones relacionales óptimas (empatía, aceptación, autenticidad) para que el consultante pueda:

1. Identificar los introyectos: Diferenciar entre lo que realmente desea desde su centro y lo que cree que "debe" desear según mandatos familiares o culturales heredados.
2. Conectar con el sentir corporal: Aprender a leer las señales no verbales y viscerales de su propio cuerpo ante las diferentes opciones que se le presentan.
3. Asumir la responsabilidad existencial: Comprender que no hay decisiones "perfectas" ni libres de riesgo, sino decisiones propias, y que asumir ese riesgo es la única vía para el verdadero crecimiento adulto.

Este proceso de discernimiento no es lineal ni sencillo. Requiere tiempo, paciencia y una gran dosis de compasión hacia uno mismo. Pero los frutos de decidir desde el propio centro son invaluables: una sensación de congruencia, fuerza interna y paz que ninguna aprobación externa puede igualar.

En conclusión, decidir en sintonía con el alma no garantiza la ausencia total de dificultades, obstáculos o dolores en el complejo camino de la vida humana, pero sí garantiza la integridad absoluta y profunda del ser. Es el camino definitivo para dejar de ser meros espectadores pasivos de nuestra propia vida y convertirnos, por fin, en los verdaderos, únicos, legítimos, plenos y valientes autores conscientes de nuestra propia historia personal, única e irrepetible en este basto, misterioso, infinito, sagrado, desafiante y maravilloso mundo terrenal que habitamos hoy en día con tanta intensidad, pasión y entrega total.